Behobia – San Sebastian 2013

Este fin de semana nos fuimos hacia Donosti para disputar la mítica Behobia – San Sebastián nueve corredores del Baix Llobregat, dos navarricos y una búlgara. A esto hay que sumar tres acompañantes que harían su propia Behobia yendo y viniendo de un lado a otro buscando siempre el mejor sitio para vernos pasar.

La Behobia en sí, es una carrera que se caracteriza por dos cosas. En primer lugar, al contrario que la mayoría de carreras, ésta es en línea, empezando en el barrio de Behobia (Frontera de Irún con Francia) y acabando en Donosti. Son veinte kilómetros entre la salida y la meta con constantes subidas y bajadas que acumulan un desnivel de algo más de doscientos metros. Vamos que fácil, lo que se dice fácil no es. La segunda característica de la carrera y la que la hace realmente especial es su público. Prácticamente no dejan un metro sin ocupar y no dudan en salir a la calle un lluvioso y frío día de noviembre a animar desde el primer participante al último. Todo esto hace que merezca la pena alargar un poco la temporada y hacer el fin de fiesta en el País Vasco.

Aprovechamos el finde y el sábado lo dedicamos a hacer turismo, pintxos y recoger dorsales en la feria del corredor, muy completa por cierto. Por la noche una pasta party en la casa rural en la que estábamos alojados haría las delicias de los corredores y acompañantes.

El domingo sonaba el despertador a las 6.30. Vestirse, acabar de preparar la bolsa y desayunar. Toda la noche había estado lloviendo y el viento había azotado con fuerza las ventanas de la casa. Yo no soy para nada de sueño ligero, así que me asustaba un poco que la lluvia y el viento me hubieran despertado un par de veces durante la noche.

Al bajar del autobús en la zona de salida empieza el momento de elegir vestimenta para la ocasión. Está nublado pero no llueve y sí que hace mucho viento (en contra), la temperatura para mi gusto es agradable para lo que había de acontecer en las siguientes horas (unos 16º). Con estas condiciones cada cual elige que ponerse. Los más frioleros lucen mallas largas y cortavientos, yo prefiero ir de corto y llevar gorra por si las nubes deciden darnos una duchita a media carrera.

Dejamos las mochilas en los camiones que las llevarán a meta y nos ponemos unas bolsas de plástico por encima para conservar la temperatura mientras no llegue nuestro turno de salida. 28000 corredores quiere decir que para cuando sale el último el primero ha llegado, se ha duchado y casi casi ha comido. Sin embargo la espera se hace amena. Música, pantallas gigantes mostrando las diferentes salidas, gente calentando, gente esperando, en definitiva mucho mucho ambiente.

Aquí os dejo una imagen de la pinta que teníamos en los momentos previos a la salida:

Los doce corredores estábamos repartidos en varios grupos de salida dependiendo de los tiempos acreditados en otras pruebas similares. Para algunos de nosotros era la primera Behobia, para otros el estreno en la carrera y en la distancia y otros pocos repetíamos carrera.

En mi caso salía a las 10:20 con el primer grupo de dorsales azules y acompañado de Joseba, una de las liebres navarras. Mi objetivo no era otro que pasarlo bien y si de paso podía bajar algo el tiempo del año pasado mejor que mejor. Sabía que iba a ser duro debido al viento pero también sabía que todos los entrenos de este año aún estaban en las piernas.

La salida es muy emocionante, cada grupo sale con una canción y el primer kilometro se hace rodeado de mucha gente, en llano y bordeando un rio. Es el momento de empezar a coger el ritmo y acabar de entrar en calor. Al cabo de poco empiezan las primeras subidas por las calles de Irún. Repechones no muy largos seguidos de llanos que empiezan a dejar entrever que la Behobia no es una carrera sencilla.

En estos primeros kilómetros me despido de Joseba que ya de salida va algo más rápido que yo. En esta carrera es importantísimo no cebarse. Las cuestas pueden pasar factura rápidamente y hay muchas durante el recorrido.

Tras cuatro o cinco kilómetros de subidas y llanos aparece la primera bajada que permite un momento de respiro. También es aquí donde me pega la primera racha de viento fuerte en la cara. Esto es justo antes del primer alto, una subida por una “autopista”. Un par de kilómetros de pendiente constante. Desde abajo se ve el final de la subida y eso la hace casi más psicológica que física. A media subida un coche abierto de par en par y con unos altavoces por fuera ameniza la subida. A mi paso por él arrecia el viento y suena “high way to hell”. Ni el mismísimo George Lucas hubiera puesto mejores efectos especiales a la escena.

Al llegar al final de la subida se cumple el kilometro ocho de carrera. Empieza una zona de toboganes, para mí la zona más divertida de la carrera. Pequeñas subidas y bajadas de 50, 100 metros. Pequeños esfuerzos que tienen su recompensa en forma de descansillo. Es una zona donde de nuevo hay que tener cabeza para calentarse lo justo sin pasarse. Esta zona finaliza sobre el kilometro doce con una bajada clara y un avituallamiento. En la bajada el cielo deja caer cuatro gotas que no llegan a calar en mi camiseta, será el único momento de toda la carrera en que lloverá algo.

Una vez aquí es momento de hacer el primer balance de cómo va la carrera. Por el momento voy a buen ritmo y sin ningún calentón. Aprovecho el avituallamiento para tomarme un gel.

Hasta aquí todo ha sucedido de forma muy rápida. Creo que todos los integrantes estamos de acuerdo en que uno no se da cuenta del tiempo transcurrido durante esta primera parte de la carrera, la variedad del entorno, el público, todo hace que esta primera mitad larga de carrera pase francamente rápida.

Los tres kilómetros siguientes son un llano por el puerto de pasajes. Es la zona con menos público y probablemente la más aburrida. A nivel deportivo es un momento difícil, si se quiere hacer tiempo hay que empezar a pensar en apretar pero aún falta mucho para la meta. Para añadir un puntito de dificultad durante toda la recta, el viento se deja notar claramente en contra, así que decido simplemente mantener el ritmo.

El final del puerto viene marcado por unos txitularis. Con la mano izquierda tocan su instrumento y la derecha la mantienen estirada esperando que los corredores se la choquen. A partir de aquí la fila de público ya no cesará hasta el final y el ambiente será más próximo a una etapa del tour que a una carrera popular.

En este punto llega el alto de Miracruz, temido por todos los corredores. Una subida de no más de 800 metros pero con un desnivel importante deja entrever quién ha gastado más de lo que tenía y quién ha sabido guardar y dosificar. Si se llega con fuerzas es el momento de darlo todo, aquí ya no importan las pulsaciones, el ritmo o cualquier otro indicador moderno… es el momento de apretar a la vieja usanza, es decir, a muerte!!!

Empiezo a pasar corredores y me voy viniendo arriba. Al llegar al final miro el reloj por primera vez pensando en qué tiempo puedo marcar en meta. Veo que voy dos minutos y medio por detrás del ritmo necesario para hacer 1h40m. Sé que los siguientes dos kilómetros son de bajada suave, así que los afronto tirándome por ella sin guardar nada. Voy bajando la media y adelantando más de lo que me adelantan. A media bajada hay un avituallamiento donde casi nadie coge vaso. A mí me gusta beber en todos un poco, así que no dejo pasar la oportunidad de acercarme a las mesas y coger un vaso al vuelo. Prácticamente todos los voluntarios me animan, supongo que el hecho de que sea el único cogiendo agua ayuda.

Al llegar al final de la bajada solo queda girar y encarar la larguísima recta de meta. Nada más girar el aire tira para atrás otra vez, pero esta vez más que nunca. Casi pierdo la gorra de la leche que me llevo. Aprieto lo que me queda, me ayuda ver a lo lejos a un grupo de riojanos que me habían pasado allá por el kilometro seis. Los adelanto a poco de meta y paso bajo el arco con la satisfacción de haberlo dado todo y haber disfrutado un año más del bonito recorrido.

Empiezo el pasillo de los ganadores, de todos aquellos que acaban sea con el tiempo que sea. Unos voluntarios te ponen la medalla en el cuello, otros te dan algo de fruta y bebida, recoges la mochila. Todo perfectamente organizado para hacértelo fácil. No es hasta el momento de coger la mochila que miro el garmin. 1h40m58s, bajando el tiempo del año pasado pese al viento y dejando el ritmo medio en casi casi 5m/km, lo que me deja aún más satisfecho.

Después me junto con las acompañantes que han tenido su propia carrera. Han ido a Behobia a ver la salida, han cogido el metro, y han llegado a meta para vernos pasar, toda una carrera.

Pero la Behobia no acaba aquí, duchita rápida y es tiempo de volver a la recta de meta, juntarme con los que han llegado antes y los que llegarán por detrás. Darles ánimos a todos para completar los últimos metros.

Todos acabamos la carrera cumpliendo cada uno con su objetivo y contentos. Tras la carrera risas, comentarios y menú sidrería para celebrar otra victoria y el final de la temporada 2013. El año que viene más y mejor!!
 

 

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