El camino de Ivan a Mi Primera Half (Ironman 70.3 Barcelona)

Todo comenzó hace algunos meses, Enric, uno de los liantes del grupo deja ir la idea de hacer una triatlón distancia Half. Como es normal en nosotros, todos nos hacemos los remolones, ” eso es mucho”, “yo no estoy para esos trotes”, etc… A las pocas semanas ya me encontraba alistado en el grupo de #miprimerahalf junto a Enric y otros 7 integrantes para realizar la IM 70.3 de Barcelona y otros dos compañeros de triatlones, Dani y Joël, también se habían animado paralelamente para ir a la Extreme Man; ¡todos a una!
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Cada uno tenía sus fuertes dentro de las disciplinas del triatlón, y vi claramente que de entre todos ellos yo pecaba claramente en mi capacidad de correr. Comentándolo en las sesiones de coaching, llegué a la conclusión que en la primera triatlón de media distancia, mi única intención era acabarla. Dado que en el mar, aun y faltarme técnica y entrenamiento, me siento muy cómodo y sabía que tarde o temprano saldría con buenas sensaciones y que la bicicleta no debía de ser un problema si no forzaba demasiado los tendones rotulianos de los que estoy tocado desde hace algún tiempo. Es decir, me tocaba entrenar la última de las disciplinas.

Después de comentar mis dudas a Enric, decidí apuntarme a la media maratón de BCN con el fin de obligarme a fortalecer, entrenar y cuidar como oro en paño las articulaciones, cosa que fue muy bien hasta que cuatro días antes de la media se me cayó la moto encima de la pierna y me llevé un esguince de regalo.

En definitiva; hielo, reposo, compresión, ibuprofeno y el domingo a correr.

Obviamente no tuve muy buenas sensaciones, pero fui el tío más feliz del mundo acabándola en menos de dos horas.

Posteriormente decidí reposar el tobillo y retomar la bici poco a poco, hasta que nos propusimos participar en la ciclo turista de “Ports del Maresme”, junto a Enric fuimos a ver qué tal se me daba.

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En esa ciclo turista sufrí como en ninguna otra salida ciclista, las rampas se me hacían interminables y mis piernas no me respondían ni mucho menos al nivel que deberían. Aunque la acabé moderadamente bien, en mi cabeza solo rondaba la idea de ir muy justo encima de la bici.

Debía trabajar el tema de la bicicleta y lo comenté en las reuniones de coaching y con los compañeros y pasé de un cassette 12-25 a un 12-30 junto a un 39-52 de platos, e intenté asistir siempre que pudiese a sesiones de spinning y a todas las salidas en bici que surgieran, cosa que me fue bien ya que unas semanas después me encontraba muy cómodo encima de la bici.

Finalmente combiné entrenos de natación cada dos o tres días con una dieta sana y más o menos bien repartida durante el día, y mucha agua cosa que me hizo bajar bastante peso.

La semana anterior nuestros compañeros de fatigas Dani y Joel hicieron la Extreme Man acabándola con muy buenas sensaciones. Eso me dio un punto más de ánimos.

A una semana vista de la prueba fui a nadar con neopreno al mar con Enric y Joel un día, y una transición bici-correr el domingo donde todo salió bien, todo va viento en popa.

La semana anterior a la IM 70.3 únicamente salí a probar posiciones en bici, calas, acoples y sillín y un entreno suave en el mar con Sergi, tocaba descansar.

Y llegó el fin de semana, el sábado desde Canet de Mar salí junto a Enric y luego nos encontramos con Sergi para buscar el dorsal, comprar algún material, licencia y al briefing. Fue el que daban en catalán que resultó ser bastante “express” y con algunos errores técnicos provocados por una mala traducción según los organizadores. En fin, no pasa nada, después de una ronda de preguntas nos fuimos con los conocimientos básicos necesarios.
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Tarde relajada para dejar las bicis y bolsas en boxes, un refresco y unas bravas en el bar, cena, infusión y a dormir.

A las 4:30 AM en pié, desayunar bien y con calma, embutirse el tritraje y con todos a bordo del coche vamos hacia Calella. Una vez allí tuvimos tiempo para pasarnos por boxes, comprobar el material de último momento (algunos aun somos olvidadizos), ponernos el neopreno, calentar y de repente darte cuenta de que estás haciendo cola en la oleada que sale después de ti y que a la tuya le están a punto de dar la salida (¿qué somos oleada roja o rosa? ¡Pero si son iguales!) toca correr hasta el grupo bueno pasando por los controles con un poco de nervios y ya está, toca salir.

Creo que tengo cierta facilidad y vicio por salir el último y colocarme en medio de un grupillo en el que no estoy cómodo. Obviamente es culpa mía, creo que salir último y tener que esquivar y adelantar desgasta mucho. En la próxima intentaré salir un poco más adelante (no en la primera fila, no se me da tan bien).
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Quizás al principio noté mala respiración, escuchaba las sibilancias en mis vías aéreas y me costaba más de lo normal respirar, pero ya no había nada que hacer, relajarse controlar las respiraciones y a seguir adelante hasta que se vaya pasando, como me habían inculcado desde pequeño, hasta que me olvidé de ello y pude seguir sin ningún problema.

Después de intentar nadar bien, suave, sin quemarme y pensando en conservar, llegué a la orilla sin problemas, la verdad es que me lo esperaba peor, supongo que ir a mi ritmo ayuda.

Tranquilamente me quito el neopreno y me pongo mis fantásticos calcetines compresivos amarillo chillón, zapatillas y a por la bici.
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Lo repetiré varias veces en esta crónica, pero teniendo la única presión de acabar la prueba, la competición se hace mucho más llevadera; ¿qué me pasa un crack y no me deja ni las pegatinas? ningún problema, seguro que ha entrenado más y se lo merece, no hay vuelta de tuerca.

La parte de ciclismo la disfruté como el que más, comiendo, bebiendo, y a un ritmo aceptable, todo pintaba bien. Gracias a darle la paliza a los compañeros memoricé bastante bien el recorrido y cómo debía aplicar los esfuerzos en carrera, a partir de allí todo consistía en centrarme en ello y rodar con cabeza. Como todos sabemos, si vas con los deberes hechos conociendo bien tu ritmo y cómo te sienta, a menos que haya algún incidente, todo debería ir bien. Y así fue, las subidas las hice muy cómodo y las bajadas las disfrutaba como un enano, repito, siempre a un ritmo normal, nada de tirar en llano ni querer recortar un minuto al tiempo final, no era mi intención y fue una buena recomendación de los compañeros. Finalmente, llegué con un estado muy bueno a boxes, esa era mi intención, ya que si no, la carrera a pié se iría al garete.

Transición sin prisas, comer algo, beber bien, zapatillas de correr y a la pista.

El momento de comenzar a correr esos cien primeros metros, me dan una buena idea de cómo estoy y cómo va a ir, todos los que me han visto hacer la transición saben de mi manera tan peculiar de comenzar a correr, pero es una manera de hacer un testlist a mi cuerpo; Rodillas, ok. Asma, ok. Cuádriceps e isquios, ok. Vamos pa’ allá!

Pues me puse a ello, sin prisa pero sin pausa. Con Marta, Irene y Albert animándome junto a tanta gente y voluntarios en el circuito, esos 21Km se iban consumiendo a ritmo de geles y mucha agua. La distancia iba pasando, hasta que entré el quilómetro trece o catorce pensé para mí mismo; “Ya está! Esto está hecho!” Aunque podrían pasar mil cosas malas, para mi ese fue el instante “X”, ese es el sentimiento que intento buscar en toda competición o en cualquier momento, cuando ves que todas aquellas horas entrenando o simplemente pensando en ello solo o acompañado, al final han servido para conseguirlo. Sí, quizá solo una Half IM, pero me lo he propuesto y lo he hecho. Todos sabéis de lo que hablo.
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A partir de aquí solo intentar engañar a los cuádriceps e isquios para que no me fallasen y seguir corriendo. Dando ánimos a los otros atletas que como yo en alguna otra competición hemos estado más apurados, llegué a esos últimos km corriendo como si fuera el primero, ya que en ese momento no te duele nada, solo se me pasaba por la cabeza; “y ahora… ¿qué?”
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P.D. Gracias Irene y sobre todo gracias Marta. Creo que aun y no comprenderlo del todo, están allí porque las necesitamos. Sin ellas todo se haría más cuesta arriba.

Iván Berrocal

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