III Marcha Sportful Arueda.com 2013

Rosas, domingo 28 de abril de 2013
Marcha cicloturista patrocinada por Sportful y organizada por Arueda.com.
118km y 2200mD+ repartidos en cuatro puertos.

El viernes por la noche lo preparé todo, ya que nos íbamos el sábado por la mañana a pasar noche en Rosas. Previamente, por la tarde, una compra relámpago de un chubasquero y una cubierta para condiciones adversas, pintaba lluvia y quería ir preparado. El jueves la organización había pasado un email avisando de las condiciones adversas, probabilidad alta y temperatura de unos 10ºC.
En la maleta llevaba para elegir en el último momento culote corto o largo, mallot corto o sin mangas, chaqueta o chaleco y manguitos, guantes cortos y soto guantes. Los meteorólogos son como los economistas, saben lo que ha pasado y predicen lo que pasará, bien se podían equivocar y el domingo levantarse un día primaveral soleado.

El sábado de camino me lo pase pendiente de los retados Adam Alonso y Oriol Palau que estaban corriendo la MTBCN y STBCN, con lluvia y viento. Al final llegaron bien.

Domingo, 6:00h de la mañana y aunque aún descansaba en la cama, estaba despierto, algo nervioso y escuchando el tiempo. El viento azotaba con fuerza y me era difícil distinguir si llovía. Una parte de mi estaba deseando que diluviara y no ir a la marcha, el viento parecía muy violento y racheado.
A las 7:00h Joel y yo ya estábamos despiertos, salimos a la calle y el suelo estaba seco, el viento arreaba con fuerza y hacía frío. Nos miramos: “confirmado, culote largo, camiseta térmica y chaqueta”.
A las 8 estábamos de camino, en 5 minutos llegamos y como la marcha partía a las 9, nos quedamos un rato en el coche comentado el día que hacia. El viento tumbaba las bicis mal apoyadas con suma facilidad. Algunos valientes con culote corto y muchos con el chubasquero puesto. En ese momento no llovía y mientras acabábamos de preparar las bicis dudábamos si salir también con el chubasquero puesto. Al final nos lo pusimos y acertamos.

9:00 todos listos para salir, unos 150 de los más de 230 inscritos.
Y empezó a llover, “como no den la salida ya, alguno más se retira antes de salir”.

Joel y yo nos situamos en cola y poco a poco fuimos avanzando hasta encontrar un grupo que llevaba un ritmo cómodo y que nos llevaron durante los primeros kilómetros hasta el ascenso del primer puerto en el kilómetro 13. Un ascenso de 8 kilómetros con los 5 centrales al 7%, cogimos nuestro ritmo, tranquilos conscientes de todo lo que nos quedaba por delante. La lluvia era ligera y el viento se notaba poco.

Al llegar a St. Pere de Roda se iniciaba la bajada, cambiábamos de cara de la montaña y se notaba la fuerza del viento. Algunos volvían a bajar por donde habíamos subido, no sé si a buscar a alguien o porque se retiraban.
La bajada con lluvia y viento nos la tomamos con calma, y en nada ya habían pasado 30 kilómetros y 1h30′. Al llegar abajo estábamos solos, vimos dos ciclistas por delante y apretamos un poco para formar grupo. En poco rato éramos más de siete, no sé seguro cuántos eramos porque los que iban a la cola no los llegué a ver ya que decidieron no entrar a relevos. Tal vez pecamos de ganas ya que durante un rato eramos solo Joel y yo tirando del grupo. En uno de los relevos cuando me puse delante paré el ritmo y conseguí que al menos fuéramos 3 triando. En otra ocasión antes de empezar a dar relevo aflojé un poco para dejar cortados a los que no querían entrar y conseguí que fuéramos 4 relevándonos, y un quinto esporádico. Ciclismo de carretera he hecho poco, pero en triatlón cuando te encuentras en un grupo pequeño, todos o casi todos entran a relevo. Así pasaron 10 kilómetros a más de 30 km/h.
Cuando llegó el primer repecho confirmé la sensación que presentía, no estaba dosificando bien y tuve que aflojar. Mi corazón da más de lo que mis piernas pueden recibir. A un ritmo de 145 ppm mis cuádriceps se van congestionando y si les pido un extra no pueden.
De nuevo solos, desde el km 40 hasta el final no volveríamos a rodar en grupo. De nuevo llovía, por delante más de la mitad del recorrido ya empezaba a ser un salida épica y el viento aún no había hecho acto de presencia de verdad.

El segundo puerto de la ruta era corto y asequible, bajada y sin llano el tercer puerto de la ruta. En la cima del Coll de Belitres (Francia) a mitad del recorrido, estaba el primer  avituallamiento. Paramos a comer un poco de fruta, reponer agua en los bidones y un poco de Aquarius para reponer sales. La carretera cortaba la cima de la montaña formando un canal natural por donde el aire bufaba hasta el punto de tirar a algún ciclista que paraba en el avituallamiento. Era un aviso de lo que nos esperaba en la otra cara de la montaña.

En Rosas, la mañana del domingo se registraron ráfagas de 45kmh con una media superior a 30 kmh. No he sabido encontrar el viento en Banyuls, pero os puedo asegurar que el viento de Rosas esa mañana era un brisa marina comparado con lo que nos encontramos.
Los 20 metros de asfalto de este canal natural los pasamos a pie para evitar una caída por culpa de una racha. La bajada fue casi más dura que la subida, teníamos que dar pedales para mantener ritmos superiores a 20 km/h. A la salida de una curva de 180º el viento entraba completamente de cara y me paró literalmente, ¡Plato pequeño y un piñón medio para poder avanzar!
A partir de aquí seguimos por la carretera de la costa, en un terreno que o subía o bajaba, bastante rompepiernas y sumado al viento parecía que no pasaban los kilómetros. Nos dábamos relevos para poder ir descansando un poco, yo no paraba de mirar el Garmin más cansado psicológica que físicamente.
Después de 40 minutos eternos peleando más con el viento que con el terreno, salimos de Banyuls-sur-Mer y cogimos una carretirita muy chula. Vía local sería decir mucho, típica carretera de pueblo que difícil pasan dos coches y con el asfalto en mal estado. El paisaje era precioso, recorría el valle de la montaña entre viñas y casas de piedra. Sin darnos cuenta ya estábamos encarando el último puerto, el camino era en constante subida suave. Aquí es donde afirmo que fue una salida épica.
Alt de Banyuls, un puerto corto y con un desnivel que aumentaba progresivamente hasta alcanzar rampas del 20% en los 1200m finales.
Al inicio de las primeras rampas del puerto, de 5-7%, volvía a entrar el viento de cara. Lo tenía muy claro, con 75 kilómetros en las piernas iba justo de fuerzas y avisé a Joel “sube a tu ritmo y me esperas arriba”. Ya había montado un 29 atrás para poder afrontar esas rampas del 18-20%, pero no contaba con el viento. En mi caso tenía que subir serpenteando un poco para suavizar el desnivel. La primera rampa sufrí con el viento porque entraba de lado y manteniéndome a la izquierda quedaba un poco protegido. Delante de mí, en uno de los giros de 180º que iba haciendo la carretera, una racha de viento tiró a un ciclista al suelo. Pasado ese giro el viento entraba de espaldas con lo que la dureza de las rampas no se notaba tanto. Otro giro de 180º y cara al viento de nuevo, esta vez fui yo al que el viento quiso tira al suelo, salvé la caída y fui incapaz de reanudar la marcha, tuve que caminar toda la recta cara al viento. Viento de espaldas subido a la bici, viento de cara caminaba con la bici como si paseara a un perro, así un par de veces más y llegué a la cima subido a la bici.
En la cima estaba el avituallamiento, barrita, vaso cocacola, vaso aquarius y recuperar un poco el aliento. Los de la organización nos explicaban lo que nos quedaba por delante “ojo aquí, vigilar allí”. Entre ellos se contradecían “Ya todo es bajada”“No que aun les quedan un par de repechos”. Realmente no quedaba ningún puerto, pero todo bajada no era. Mi garmin marcaba 77km y menos de 1800m de desnivel acumulado. Faltaban 40km y más de 200m de desnivel.
Efectivamente, lo que quedaba de recorrido era con pendiente favorable y de nuevo no había llano, así que cuando no bajaba, subía y con buenos repechos. Repechos que acumularon 500m más de desnivel.
Todo el tramo final iba justo de piernas, intentaba marcar el ritmo en las bajadas, nos dábamos relevos en los terrenos suaves y cuando picaba un poco para arriba, era Joel quien marcaba el ritmo. Tener montado el acople de triatlón me ayudaba a conseguir una posición más aerodinámica, sobre todo de cara al viento. Después de 5 horas en la bici, no solo me dolían las piernas, las lumbares me mataban y los brazos me flojeaban, así que mantener la posición sobre el acople no era nada sencillo y solo me acoplaba si iba delante. Los últimos 10 kilómetros eran largas rectas de falso llano y ya no podía apenas dar relevos. Al final me quemaban los cuádriceps y tenía que ir silbando a Joel para que aflojara porque no le seguía ni a rueda. Al ver el letrero de Rosas a la entrada del pueblo me abrió el cielo.

En la llegada nos esperaban nuestras parejas y un generoso plato de fideuá que devoré en un abrir y cerrar de ojos.

Sin duda una gran ruta y una mejor compañía, habrá más como ésta seguro.
http://connect.garmin.com/activity/304794854

 

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