Kilian’s Classik 2013

Llegaba con los deberes hechos y la ilusión de un niño pequeño al que le acaban de regalar por primera vez un Scalextric. La única duda, mis gemelos (de nuevo).
La semana anterior, me la pasé vaciando un tubo de Ibuprofeno en gel en mi gemelo izquierdo ya que, ejercitándolos el domingo, me pasé de la raya y estuve con molestias desde lunes.
Durante la semana, también estuve estudiándome el perfil de la carrera, calculando cuánto líquido y sólido llevar según la meteorología y los avituallamientos previstos. El jueves y viernes, empecé a ponerme nervioso y me repetía sin parar lo bien que lo haría y el buen entrenamiento que había hecho para intentar contrarrestar los miedos y temores típicos antes de una carrera dura como ésta. Me sentía fuerte y capaz. Era la carrera del año, y se notaba.

Viernes subimos hacia Font-Romeu, toda la comitiva, hasta la abuela. Llegamos al pueblo y tal como estaba previsto, recogimos los dorsales y nos fuimos hacia el apartamento a cenar rápidamente para podernos ir a la cama lo antes posible. Creo que fue a las 23:00 que ya estaba contando ovejas, con tapones incluidos, por si acaso. Suena el despertador a las 6 y, en menos que canta un gallo, ya estoy de pié. Desayunamos, nos vestimos para la ocasión, hago estiramientos durante 20 minutos y a las 8:00 en punto salimos hacia la calle principal donde ya está preparado todo el tinglado. Meteorología espectacular, y la previsión es igual para todo el fin de semana. Al final he decidido llevar 1,5 litros de Isostar Hidrate & Performance y no llevar ni geles ni agua. Me he propuesto beber un traguito cada vez que el reloj me marque un nuevo kilómetro. Unos estiramientos más y nos colocamos en la calle principal del pueblo para salir. A las 8:40 dan la salida y ¡comienza el reto!
Podría dividir la carrera en cuatro partes, claramente delimitadas y que me servirán para contaros mi carrera.

1ª parte.
Va del kilómetro 0 al 8,65 y se caracteriza porque prácticamente no existe el terreno inclinado negativo. En el transcurso de los 8 primeros kilómetros se suben 340 metros de desnivel positivo (D+) y en los últimos 650 metros, se suben 145mD+ por una pista roja de esquí, con un 22,30% medio de pendiente positiva.
Durante los ocho primeros kilómetros, se nota que estoy nervioso y que tengo los músculos todavía fríos. Avanzo a un ritmo lento, noto los gemelos tensos y las sensaciones son francamente malas.
Decido relajarme mentalmente, correr un poco más agachado para transferir el esfuerzo de los gemelos a los cuádriceps y procuro distraer la mente con otras cosas ya que, con la subida constante y lo que me queda por recorrer, sólo tengo malos pensamientos. Este cambio da sus frutos ya que consigo llegar al primer avituallamiento muy entero y mentalmente preparado para la subida fuerte por la pista roja.
Sé que no voy muy bien de tiempo, me he retrasado mas de lo previsto, pero decido no preocuparme y subirla como pueda, todavía me quedan muchos kilómetros por recorrer. En dicha subida, se forma una larga cola de corredores que suben a ritmo extremadamente lento (incluso se llegan a parar) por lo que decido tomar a ratos, una trayectoria paralela por donde no hay camino. Esto me desgasta físicamente un poco más, pero veo como poco a poco voy adelantando a los corredores que permanecían parados en la subida. Consigo llegar arriba de todo (donde un fotógrafo hacia parar a los que llegaban arriba para sacarles una foto… ¡increíble!) y de sopetón, arriba de todo, comienza la segunda parte.

2ª parte.
Va del kilómetro 8,65 al 16,50. Los primeros 1,85km, hasta el kilómetro 10,5, descendemos a tumba abierta 250m sin tregua en uno de los tramos más rápidos de la carrera, perfecta para adelantar a temerosos; en algunos puntos bajo de los 4min/km. El recorrido desciende paralelamente a una pista negra en la cara norte de la estación de esquí de Font-Romeu.
Llegados al km10,5 empieza una constante y larga subida de 230mD+ en 3,5kms, hasta el km14. Cuesta seguir corriendo ya que los constantes cambios de inclinación del terreno van fatigando los músculos. Los últimos 2,5km que faltan para llegar al final de este tercer tramo, se pasan sin subir ni bajar grandes desniveles pero sí los recorremos en un tobogán rompe-piernas que discurre por un terreno muy irregular, típico de alta montaña, con piedras, raíces, charcos, riachuelos, arbustos, hierba y alguna que otra boñiga de vaca a sortear, por lo que cuesta mantener un ritmo constante requiriendo un fuerte control de tobillos. De momento, no he notado nada en mis gemelos, algo que me sorprende y me alegra por partes iguales, ya que a estas alturas de la carrera del año pasado, ya me había parado una vez para estirarlos. Sigo adoptando una táctica conservadora para no desgastarlos demasiado, sin esforzarme en exceso en las subidas y manteniendo un ritmo rápido en llano y bajadas, ya que me gustaría llegar a la última parte de la carrera, que es toda de bajada, sin contracturas en los gemelos para poder apretar fuerte y ganar tiempo.
Finalizo esta segunda parte de la carrera con un estado general bueno.

3ª parte.
Va del 16,50 al 19,50. Ya en la falda del “Pic Carlit”, iniciamos el segundo tramo de bajada fuerte. Nos espera un kilómetro exacto con 170mD-. Como los gemelos los tengo todavía bastante enteros y no he tenido ningún aviso de  contractura, decido tirar fuerte en esta bajada y adelantar a más corredores. En algunos tramos, la inclinación es superior a la recorrida al inicio de la segunda parte y durante unos metros, llego a notar un cierto descontrol pero queda solucionado al instante cuando la inclinación del terreno remite. Los dos kilómetros restantes, son en general de descenso aunque, tal y como ya me ha pasado en la segunda parte, el terreno no permite mantener un ritmo constante y las medias no son brillantes. Aun así, llego al último tramo de la carrera, ahora ya sí, con un cierto desgaste muscular y sensaciones no muy buenas en los gemelos.

4ª parte y última.
Va del 19,5 al 27,25. Este tramo es el más difícil y el que más se sufre, pero también es el que más se disfruta.
Como he comentado antes, quería llegar al inicio de esta parte sin contracturas en los gemelos y lo he conseguido. Quería llegar así, ya que esto me permitiría apretar en la bajada de los últimos 6 kilómetros (del 21 al 27,25), pero antes, tenia que recorrer los primeros 1,5 kilómetros (225mD+) del tramo. La ventaja respecto al año pasado, es que esta vez, llego con mi gemelos un poco más frescos. Empieza la subida y noto más tensión en los músculos, me agacho, acorto los pasos y sigo adelante. La subida se hace eterna, parece que nunca va a terminar y en un momento dado, dejamos la pista forestal por donde vamos y nos metemos en el bosque. La sombra ayuda a recuperarse un poco pero noto como empiezo a estar bastante cansado y me cuesta seguir corriendo. Me cuesta avanzar cuesta arriba y no consigo levantar bien las piernas; a estas alturas de la carrera, ya llevo 1000mD+ encima y el cansancio es importante. Casi al final de la subida, a unos 300 metros del punto más alto de la pista de esquí, tropiezo con una raíz que sobresalía del suelo y que me provoca una rampa en los dedos y el gemelo de la pierna izquierda. Noto como el pie y el gemelo se me contraen pero sin parar de correr, pruebo a estirar el pie para que la contractura de ambos remita. No me es posible y unos metros después de tropezar, tengo que parar a estirar. Es una pena porque había conseguido controlarlo hasta ahora. Consigo relajar la zona y sigo andando a un ritmo medio. Estoy llegando a la cima de la montaña y la bajada de 6km hasta la meta está muy cerca, pero la pierna izquierda, ahora mismo, no puede correr a un ritmo rápido. Llego arriba, empieza la bajada y los aficionados que han asistido a la carrera, me animan y me pongo a correr lentamente, forzando una posición inadecuada pero necesaria para evitar la contractura del gemelo. Durante un kilómetro, hasta el último avituallamiento de la carrera, intento poco a poco recuperar la velocidad y la postura normales. Lo consigo y llego al avituallamiento. Aprovecho para comer un corte de naranja y un pedazo de plátano y sigo sin perder más tiempo. Recupero la posición y velocidad anteriores, todo parece estar igual que antes de pararme y recorro los cinco últimos kilómetros al ritmo que mi cuerpo y el terreno me permiten. El terreno sigue igual de complicado y mi gemelo, de vez en cuando, aparece para advertirme que el ritmo al que estoy corriendo es demasiado alto para él. Estos últimos cinco kilómetros, los corro en 29 minutos, una media no muy buena teniendo en cuenta que la inclinación del terreno es negativa, pero ni el terreno ni las condiciones físicas me permiten ir más rápido. No obstante, sí es suficiente para seguir adelantando corredores, cosa la cual me tranquiliza. Finalmente, entro en Font-Romeu, bajo unas escaleras que quedan en la parte trasera de la línea de meta y accedo al pavimento de la calle principal del pueblo que está abarrotada de gente, la mayoría animándome a que realice el último esfuerzo.
Sin quererlo, mis piernas aceleran y se me dibuja sola una sonrisa en la cara. ¡Estoy llegando! Se forma un túnel formado por aficionados que quieren estar lo más cerca posible de los que van llegando y por donde sólo cabe un corredor. Hay música electrónica de fondo, un speaker gritando en francés, niños estirando las manos para tocarme y mis amigos y familia a 50 metros de la llegada.
¡Todos animándome!
Cuanto más cerca de la meta estoy, más gente forma el camino.
¡Adrenalina a tope!
¡Esta sensación es impagable!
Finalmente llego a meta, me marcan con el cronómetro, paro mi reloj y por último compruebo el tiempo: 3 horas 29 minutos y 18 segundos, 6 minutos menos que el año pasado.
¡BIEN!
¡Objetivo cumplido!

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