Maratón de Barcelona 2013

Barcelona, 17 de marzo. 8:30

Esta ha sido mi primera maratón y aunque ahora mismo pienso que será la última, seguramente habrá más. Para mi más que la Maratón de Barcelona fue la Maratón Walking Dead, ya veréis a que me refiero.

La semana no empezaba muy bien, ya que en la anterior mi entreno fue más de recuperación de mis piernas que enfocado a la maratón. Y la anterior a estas dos había sido de carga de bici. Es lo que tiene planificar un entrenamiento de una Half Ironman y poner en medio una maratón, pues que la maratón no la he entrenado bien y esta semana he sido muy consciente de ello. A lo hecho pecho, y ya no podía hacer gran cosa, solo mentalizarme que iba a sufrir y que tal vez no la acabaría. Era muy importante ser muy consciente de que no la había preparado bien y que antes de lesionarme me retiraría, ya que el objetivo esta temporada es otro y no podía cegarme y acabar haciéndome daño. Mi mentalización era tal, que cuando me preguntaban si estaba preparado, respondía que no con una sonrisa en la cara.
A pesar de haberlo interiorizado, los nervios acaban aflorando. El jueves por la noche ya me costó dormirme y el viernes por la tarde estaba como un niño esperando los reyes magos. Por suerte el sábado lo tuve entretenido y no tuve mucho tiempo para pensar.

Domingo 17, suena el despertador a las 6:00.
Quería desayunar tranquilo y asegurarme que hacía bien la digestión. Sobre las 6:30 estaba lloviendo muy fuerte y me desanimó un poco, por suerte al poco rato caía muy fino y cuando salí de casa casi no llovía.
Cosas de ser previsor y poder hacer las cosas con calma, a las 7:15 ya estaba en plaza España, desde donde salía la maratón. Solo tenía que cambiarme y esperar a Adam Alonso con el que había quedado a las 8:00, así que me dí un paseo para ver que tal estaba el ambiente. Durante ese rato aún sopesaba si iba a corre con manga larga o corta. La lluvia había subido la temperatura y la humedad, y si durante la carrera llovía la manga larga iba a suponer más peso de ropa mojada, así que decidí camiseta sin mangas.Tal vez algo de frío mientras esperaba a Adam, pero fue una buena elección.

Esta vez fue Adam el que llegó tarde, con tiempo suficiente para entrar al guardarropía e ir a nuestro cajón de salida, que ya entramos con el mogollón y nos tocó esperar la salida algo apretados. El objetivo de Adam era acabar en 3h30′ y yo sabía que por corazón y pulmones no iba a tener problema en seguirlo, así que hasta donde llegaran mis piernas.

Los primeros 7 kilómetros fueron en subida, aunque el ritmo tenía que ser de 4:58, íbamos algo más lento para recuperarlo en la bajada. Esta vez era yo quien iba pendiente del reloj para mantener un ritmo adecuado que nos permitiera llegar a los 3h30′ y también estaban las liebres de 3h30′ que al salir algo más tarde iban por detrás nuestro. Acabado el tramo de subida nos atrapaban las liebres de 3h30′ y ya poco hizo falta que mirara el reloj.

En el kilómetro 16 ya avisaba a Adam que tenía una ampolla en la planta del pie derecho que no sabía como iba a evolucionar. Antes de llegar al kilómetro 19 la ampolla pasó a segundo plano para tomar protagonismo mi rodilla izquierda, un dolor que ya me era familiar de la medía maratón de 2012. En aquella ocasión decidí aguantar con dolor desde el kilómetro 15 y sin aceptar hacer un tiempo inferior a las 2h, me costó más de 3 semanas para poder volver a entrenar con normalidad y apunto estuve de lesionarme el ligamento exterior. Esta vez tenía claro que no iba a hacerme daño y si eso suponía abandonar, abandonaría. En el avituallamiento del kilómetro 20 había asistencia médica y allí que me paré para pedir “reflex” para mi rodilla que de poco me sirvió. Entonces me iluminé y me subí la compresiva de las pantorrillas a la rodilla, para que me sujetara y redujera el dolor.
Cuando me subí la compresiva para ayudar a mi rodilla ya sabía que ese ritmo no iba a poder aguantarlo y avisé a Adam, para que supiera que en algún momento lo dejaría solo. Adam me lo dejó muy claro, “por mí no lo hagas” y así fue. Sobre el kilómetro 22 dejé a Adam a su ritmo y yo aflojé un poco, con el paso de la media a 1h45′ me podía permitir correr a ritmo de 5:40 la segunda mitad y entrar a meta en 3h45’. El kilómetro 25 lo pasaba a 2h05’50” con lo que parecía posible, muy buenas intenciones que mi rodilla decidió desvanecer.
El dolor de la rodilla era de origen ligamentoso (igualito que en la media maratón de 2012) y correr más lento también suponía más impacto, con lo que poco después del kilómetro 25 el dolor era considerable y la sensación que podía ser una lesión seria me hizo petar del todo. Empezó una batalla interior entre el yo que quería forzar un poco y llegar como fuera en esos 3h45’, y el yo que sabía que eso iba a condicionar mucho el entrenamiento y la preparación para la Half. Durante unos kilómetros era una alternancia de correr, trotar y caminar. Vi la luz cuando en un tramo de diagonal, el tranvía estaba cortado y entre las vías era terreno de césped y al ser más blando me permitía trotar con menos dolor, un oasis que se terminó antes de llegar al kilómetro 30.
Pasaba el 30 en 2h38’29”, eso dejaba el ritmo medio en 5:17 con lo que aún parecía posible hacer 3h45’, una posibilidad que no era más que un espejismo. Antes del avituallamiento de ese mismo kilómetro, parada al WC, para hacer aguas menores. Estaba bebiendo mucho y eso tenía que salir en algún momento.

Mi previsión de aporte energético era: gel de 20gr en los kilómetros 10 y 32.5, gel de 40gr en el km 20, gominola de 8gr en los kilómetros 5, 15, 27.5, 37.5 y llevaba un gel de 20gr y una gominola más por si acaso. También preveía comer algún trozo de plátano de los avituallamientos y beber un poco de agua y powerade en todos los avituallamientos. Desde el kilómetro 22,5 al 30, bebí un litro de agua, medio de powerade y había echado mano al gel extra. Notaba que con la lesión mi cuerpo estaba consumiendo mucho y que se deshidrataba más rápido, en otras circunstancias todo ese aporte extra me habría supuesto petar el estómago, pero notaba que todo lo que entraba lo absorbía.
En el avituallamiento del kilómetro 30 había geles y fui cogiendo sin pensar mucho. Acabé con 4 que no sabía ni donde ponerlos, me pareció hasta un poco avaricia, teniendo en cuenta que yo ya llevaba uno extra.

El kilómetro 30 es el famoso Muro de los maratonianos, en mi caso fue en los 25, pero a partir de los 30 si que se nota que empieza a haber dos carreras, los runners y los walkers. Fue entonces cuando decidí pasarme al grupo de los walkers, eso y que se había acabado el césped y volver al duro asfalto me hacía imposible correr.
Empezaban los 12km Walking Dead.
En cada árbol, valla o lugar donde poder apoyarse había alguien estirando o intentando relajar una rampa. Los caminantes tenían  varias cosas en común, algún tipo de cojera, movimiento de brazos totalmente asimétrico casi espasmódico, cabeza baja y mirada perdida en el infinito. Cuando pasaba al lado de uno, tenía la sensación que se giraría bruscamente y me mordería o algo así. Yo intentaba caminar a ritmo de 7:30, recordando que en el gimnasio podía caminar a 7. Lo que no fui capaz de razonar en ese momento, es que en la cinta camino a 7 km/h, que son 8:34 de ritmo. Normal que fuera incapaz de mantener ese ritmo y que fuera de los caminantes más rápidos. La cuestión era motivar a mi mente, caminante que veía objetivo que me marcaba a atrapar, pero se hace muy difícil cuando no se toman en serio su papel de caminantes y corrían de vez en cuando. En vista de que no se respetaban las reglas, en cuanto veía un poco de césped, para allí que iba a trotar un poco. La escena era peculiar, los corredores por el carril de asfalto, la gente animando en las aceras y yo por detrás corriendo entre las plantas. Con tal de aliviar los impactos a mi rodilla, prefería esquivar niños, perros, matorrales y farolas y correr así sobre blando.
Bebía un botellín de agua de ½ litro y un vaso de powerade cada 2,5km que había avituallamiento. Mi cuerpo estaba consumiendo muchísimo. Entre el kilómetro 30 y el 40 me tomé 4 geles de 32gr (me pareció una exageración cuando los cogí en el 30) y mi estómago no se quejó en ningún momento. Creo que consumí más calorías en los 12 últimos kilómetros que en los 30 previos.

En general, mi sensación era que el público no animaba mucho, pero el tiempo con lluvia intermitente tampoco ayuda mucho. A partir del kilómetro 35 había mucho público y es de agradecer que cuando veían a un corredor caminado alentaban a no abandonar. En el dorsal también aparece el nombre y no paraba de oír “venga Enric que tu puedes”,”no abandones ahora Enric que lo peor ha pasado”,”vamos Enric un poco más”. La verdad que en algunos de esos momentos se me caía alguna lágrima de emoción por la voluntad de acabar la maratón, sea cual sea el tiempo y no abandonar porque las circunstancias no eran las previstas. Es muy fácil marcarse un objetivo de 3h30’, asumir que serán 3h45’ y cuando ves que no puedes abandonar. Pasar la media maratón en 1h45′ y en la segunda mitad ver como parece que vas a tardar 2h, luega vas a 2h15’ y acabas viendo que serán 2h30’ es más difícil de asumir. Seguir porque has decidió llegar al final y adaptarse a la realidad para conseguirlo, es muy importante. El hecho de tener mis cosas en el guardarropía de meta y no tener con que volver a casa también ayuda.
Después de que me pasara la libre de 4h, no recuerdo en qué punto, mi cabeza me torturaba y no ayudaba mucho a animarme a seguir, en esos momentos era el público quien me mandaba esos mensajes para ser capaz de seguir caminado. Cuando ya podía ver el punto kilométrico 40 oficial, en mi Garmin llevaba unos 500m de más, miré el reloj y vi que aun no había llegado a las 4h, que acabar por debajo de 4h15’ era posible e intenté volver a correr. Me duró la motivación 200m y el paso oficial por el kilómetro 40 era 3h59’06”. Volvía a caminar, todo el kilómetro 40 me lo pasé con el esfuerzo mental de dar el resto. Me vino bien el ir a la par de un corredor que llevaba un amigo en bici a su lado animando y también lo hizo conmigo.
Al paso del kilómetro 41 el Garmin no había llegado a 4h07’, en ese momento mi cerebro soltó el impulso de “Último kilómetro”. No sabría explicarlo, tengo una pequeña reserva de energía, que soy incapaz de liberar a voluntad y se activa sola al llegar el último kilómetro de cualquier competición. Mi transformación es automática, fijo la mirada al infinito, como intentando verlo todo sin mirar nada, acelero el ritmo y solo pienso en llevar mis piernas sincronizadas con mi respiración. Me dolía la rodilla y necesitaba apretar los dientes, así que para no hacerme daño me pues entre los dientes el pañuelo que llevaba para la cabeza y de paso añadir una nota de dramatismo (una carrera para ser épica necesita un poco de drama). Hacía nada caminaba a ritmo de 8’ y estaba corriendo a 5’30”, pero la rodilla consumió muy rápido ese extra de energía y a los 500-600 metros volvía a caminar. Al poco de volver a caminar, otro corredor me daba una palmada en la espalda y me animaba “venga! no te pares ahora que ya estamos”. Un nuevo impulso inexplicable me recorrió el cuerpo y salí corriendo como alma que lleva el diablo. Me gustaría haber visto la cara del corredor preguntándose cómo me había podido motivar tanto. Esta vez salí aun más rápido (por debajo de 5’) y me fui desinflando progresivamente sin llegar a para ya que veía la entrada a meta. La recta final la hice sin morder el pañuelo, el dramatismo está bien para engañar al cerebro siempre y cuando no estropee la foto de entrada a meta.

4h14’17”, pasé por meta llorando, disimulando para la foto y muy emocionado por haber conseguido acabar mi primera maratón. Supongo que la emoción era mayor por el hecho de haberme enfrentado a las dificultades y haber aceptado unas circunstancias distintas a las esperadas.

Acabé pensando que era la primera y la última maratón, de hecho lo mantenía ayer por la noche cuando empezaba a escribir esta crónica. Durante el día de hoy ya le he preguntado a una compañera de trabajo, que le preguntara a su pareja cual de las maratones que ha corrido le había gustado más. He de reconocer que soy un yonki del sufrimiento que se experimenta en una competición al encontrar tus límites y tratar de llevarlos un poco más lejos.

Acabar la maratón no era mi único objetivo, tenía un segundo objetivo, no menos importante y era que Adam Alonso la acabar con buenas sensaciones para poder afrontar su reto de la MTBCN (Maratón Trail Barcelona). No he explicado nada de cómo le fue a él porque pronto os lo contará.

En breve actualizaré la crónica con las fotos que pueda conseguir, que en el momento de publicar no están disponibles.

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