Media maratón de Barcelona

Barcelona
Domingo 17 de febrero de 2013
8:45 H

Mi gran aliciente para esta prueba era compartirla con mi amigo y retado Adam Alonso. Su objetivo de tiempo entraba dentro lo que creía que era capaz de hacer, así que seguiría su ritmo y al final a ver a quién le quedaban más fuerzas.

El sábado me levante a las 7:15 para hacer un mini-simulacro de desayuno y carrera, quería comprobar que mi estómago respondería bien.
Desayuné lo mismo que tenía intención de desayunar el domingo y a las 8:45 salí de casa a correr. La intención era estirar las piernas y que estuvieran activas. Como las noté un poco pesadas decidí hacer un par de kilómetros ligero a 4:40, un poco más lento del ritmo objetivo, estirar y otro kilómetro fuerte a 3:58, luego uno y medio más para relajar las piernas. El simulacro fue muy bien y me dejó bastante tranquilo de cara al ritmo de la media maratón.
Tan tranquilo que, como no había liebre de 1h35, hice cálculos de si podríamos aguantar el ritmo de 1h30. Se lo llegué a proponer a Adam y no cuajó la idea. Adam tenía muy claro su ritmo y no quería experimentos de última hora.

Domingo 6:45 sonaba el despertador, desayuno y estiramientos.
A las 7:45 salí de casa, había quedado con Adam a las 8:00 en el guardarropía. Muchísima gente haciendo cola en el guardarropía y fue imposible encontrarnos allí. Como dijimos de entrar a nuestro cajón de salida a las 8:15, a esa hora dejé de esperar en los alrededores del guardarropía y fui hacia la salida, donde nos encontramos.
Calentamos un poco y cuando se empezó a llenar el cajón nos fuimos para delante para no salir con mucho pelotón. Globo de 1h30′ por delante y globo de 1h40′ por detrás. Adam había configurado su Garmin para ver destacado el ritmo medio, teníamos que mantener 4:30 para conseguir 1h35′.

A las 8:45 dieron puntuales la salida y tardamos más de un minuto en pasar por debajo del arco de salida. Pitidos del control de chip y relojes que iniciaban a registrar la carrera.
La verdad, que otro vaya pendiente del ritmo y yo solo me preocupara de correr, es todo un lujo. ¡Gracias Adam!, por hacer de liebre y permitirme disfrutar de la carrera sin ser esclavo del reloj y con un tiempo final muy bueno.
Correr acompañado ha sido una grata experiencia, con la suerte que los dos íbamos a nuestro ritmo, con lo que ninguno esperaba al otro. Durante toda la carrera fuimos comentando el look de otros corredores, la gente que estaba animando o coches que se encontraban encerrados por un circuito de corredores.
No sé si porque hacia un poco de frío, no mucho, o porque amenazaba lluvia, que no llovió, o porque soy feo y la gente se calla al verme, pero lo que es público animaba bien poco. Aun suerte de varios grupos de batukada que realmente daban mucho ánimo para seguir corriendo.
Lo cierto es que la carrera fue muy bien y con pocas incidencias que comentar.
A partir del kilómetro 5 me empezó a molestar un poco el isquiotibial izquierdo, nada serio,  me concentré en relajarme y no fue a más.

De azul la liebre Adam, de negro la tortuga Enric.

Al pasar el kilómetro 10 creo que fue la primera vez que miré el reloj, comprobé que pasábamos en 45′ y que Adam llevaba controlado el ritmo. Un gel que me despertó bastante, no se si por los azúcares o por el chute de cafeína y la molestia del ísquio ya subía por el glúteo.
Sobre el 12 ya tenía el cuádriceps izquierdo duro, pero solo parecía cansancio. Tuve un rato, tal vez un par de kilómetros, en el que la molestia me estaba quitando las ganas de correr, y la suerte de llevar a Adam marcando el ritmo me hizo continuar.
No recuerdo exactamente en qué punto, antes del kilómetro 15, Adam me preguntó: ¿Vamos bien de ritmo no?
-Si, si más o menos ya es eso.
En realidad había mirado 3 veces el reloj hasta ese momento, ya se que me repito, pero que tranquilidad correr si mirar el reloj.

Así fueron pasando los kilómetros sin mucho agobio. A partir del kilómetro 16 ya iba contando los kilómetros que restaban.
Al pasar el 18 me vino a la cabeza la edición del año pasado, corrí con una sobrecarga no recuperada y a partir de ese kilómetro corría con dolor en el ligamento de la rodilla. Esa imagen me sobrecogió un poco, porque lo pasé realmente mal para poder acabar. Esta vez llegaba al kilómetro 18 con la musculatura cansada y sin dolor, pero si en ese momento Adam hubiese apretado un poco el ritmo creo que no le habría seguido. Mi mente se quedó un poco atrapada en el pasado hasta que Adam me preguntó: ¿Acabamos de pasar el Kilómetro 19 verdad? No conseguí volver.

Adam ya estaba avisado, era público y conocido. Mi intención era que él marcara el ritmo toda la carrera y yo solo apretaría en los metros finales para ganarle. Llegar los dos juntos a meta es bonito cuando sabes que vas a quedar por detrás o has ido más suave para acompañarle toda la carrera, pero cuando el nivel es parejo, ese pique sano de ver quién puede un poco más, es casi inevitable. Pues a partir del kilómetro 19 se escribió nuestra particular historia de “crónica de una muerte anunciada”.
Pasamos el 19, yo inmerso en mis recuerdos del año pasado y Adam me devolvió al presente:
-¿Acabamos de pasar el kilómetro 19 verdad?
+ Si, si ese era el 19.
-¿Cómo vas?
+ Desde el 5 con sobrecarga en el ísquio y desde el 15 con toda la parte superior de la pierna izquierda sobrecargada. Sin dolor, solo cansancio.
- Pues yo con un poco de molestia en los abductores.
+ Va bien saberlo (para cuando cambie de ritmo)
Recordando esos momentos, mientras lo escribo, siento la emoción del momento, de un final de carrera en el que tienes una disputa real. No es una lucha contra el crono en el que unos segundo deciden si lo has hecho mejor o peor, sino el disputarlo con otra persona. Ya no depende solo de mí, no controlas que hará el otro, cuándo cambiará el ritmo, si va más justo de fuerza o llega con reservas.
Como en nuestra conversación habíamos sido sinceros me atreví a darle un consejo a Adam, lo hice desde la amistad sin prepotencia o exceso de seguridad. Era el kilómetro 19.5:
+ Adam si has de cambiar de ritmo, ahora es el momento, si te esperas al final soy más rápido.
Adam siguió a ritmo de 4:30 sin intención de ataque. No sé si no podía más o estaba seguro de poder en los metros finales.
Pasamos el 20 y un hombre del público gritaba “último kilómetro es el momento de apretar”, pero Adam no se inmutó. Yo dudaba si él iba muy seguro o justo de fuerzas.
En el 20.5 lo probé yo, apreté el ritmo a ver cómo respondía, solo tenía la intención de probarlo, seguía con la idea que solo necesitaba los últimos 200m. Adam no respondió, le saqué 5 metros solo con el cambio y la tercera vez que miré atrás ya no le vi. Mi prueba se transformó en el ataque final, así que no volví a mirar a tras hasta entrar a meta. Hice esos últimos 700m a ritmo de 3:40 y acabé sacándole 12sg.
Su comentario en FB:
-Cómodo durante toda la carrera, he ido con un gitano que me ha acompañado y me ha robado la cartera al final, maldito!!! XD
No es que sea inspector del CSI, pero me da la sensación que el gitano al que hace referencia soy yo.
Hay que reconocer que mi tiempo final es gracias a Adam que se preocupó de marcar el ritmo durante toda la carrera. Respecto a la victoria final, tuve un gesto sincero de avisarle cuando tenía que atacarme si quería ganar, no lo hizo y el guión acabó como había anunciado.
Una gran carrera que disfruté mucho y de cualquier manera en que hubiera acabado, la tendré en mi memoria.

El otro retado Oriol Palau, también la corrió consiguiendo su objetivo de acabarla en 1h45′. No solo consiguió el tiempo mejorando casi 5 minutos respecto a la edición del año pasado, si no que lo hizo con mejores sensaciones. Está contento y satisfecho con el progreso que le ha supuesto su planificación del entreno en función de sus distintos objetivos.

P.D: Adam ya ha avisado, la revancha está servida para dentro de 4 semanas, en la maratón de Barcelona.
Si no peto antes, mi táctica es la misma, él decidirá el ritmo y si llegamos juntos al último kilómetro trataré de ganarle. Del cuento de “La liebre y la tortuga” yo siempre fui más de la tortuga.

Share

Deja un comentario