Ports del Maresme 2013

Arenys de Munt – sierra del Montseny.
Domingo 3 de marzo.
8:00 H.

Ésta es una ruta cicloturista originalmente de 104km de 2000m de desnivel positivo con tres puertos.
Tenía un interés especial para mí porque gran parte del recorrido era el mismo que el de la Half Challenge Barcelona que estoy preparando. Los días previos no auguraban nada bueno.

El domingo 24 ya hice una salida en BTT para entonar mis piernas y el lunes estaba un poco acatarrado con la impresión que iba a vencerme la gripe, no fue así y puede aguantar.
El miércoles 27 volví a salir en BTT y el jueves venció la gripe. Toda la trade-noche del jueves y el viernes lo pasé con fiebre alta, con dolor de huesos y muscular. Es cierto que habitualmente mis procesos gripales suelen ser fuertes y cortos, pero aun así no las tenía todas conmigo.
El miércoles por la tarde ya tenía algo de dolor en la rodilla izquierda y algo de inflamación, no sé en qué medida influyó la fiebre, pero a pesar de los días de reposo no mejoraba, más bien empeoraba.
El viernes por la tarde me puse una media de compresión suave desde mitad del gemelo a mitad del cuádriceps, para ver si ayudaba a la circulación y mi rodilla mejoraba. Estaba entre preocupado, malhumorado e indeciso. ¿Estaría bien el domingo? ¿Suficiente para no recaer el lunes por haber salido el domingo? Y la rodilla, ¿de qué venia la inflamación? ¿100km no serían contraproducentes? Forzar la salud y el físico podía condicionar el entrenamiento de la semana siguiente, y ya iba a perder tres días mínimo, ¿cuánto valía la pena arriesgar?
El sábado la fiebre era baja, tenía mucho dolor de garganta que me costaba tragar y tenía el cuerpo bastante chafado. Me pasé casi todo el día convenciéndome que no valía la pena arriesgar salud y físico, había una parte de mí que no había valorado la idea de no ir el domingo bajo ningún concepto.
A media tarde del sábado la balanza cambió. Mientras reposaba en el sofá empecé a estudiar el recorrido de la Half, hasta ese momento no le había prestado atención. Remarcar que el mapa que hay dibujado en la web oficial tiene bastantes errores, suerte que han colgado un video que se ve el recorrido y va indicando por qué carreteras transita. Después de buscarlo también en Wikiloc, lo comparé con la ruta de la Ports y mi sorpresa fue que en gran parte eran idénticos. Los dos puertos pequeños se subían y bajaban por el mismo sitio y el grande, en la Ports se subía hasta más arriba y en la bajada enlazaba con la bajada que hacía la Half. El recorrido de montaña era un 80% el de la Half, luego el llano cambiaba un poco. Esto hizo aumentar mi interés por rodar el domingo y reconocer el terreno. Para decantar aun más la decisión, mi rodilla estaba bien, me había bajado la inflamación y no tenía molestia.
Preparé la bici, las drogas que iba a llevar, ropa, casco, guantes, ropa seca para el final, y miré los horarios de recogida del dorsal y de la salida.
Todo listo para ir el domingo si me despertaba sin una décima de fiebre.

Domingo, 5:30. Suena el despertador, me pongo el termómetro y a esperar, estaba como un niño esperando el veredicto de la fiebre a ver si me dejaba ir o no. 36,5 ºC, suficiente para salir. Realmente me levantaba con emoción y con muchas ganas de ir, no sé si por eso, por la adrenalina o los nervios, pero la garganta me dolía muy poco (todo lo contrario que a las 4:30 h de la mañana).
Desayuno habitual, cereales, fruta e infusión, acompañado de un ibuprofeno para el dolor.
Como lo tenía todo listo, a las 6 estaba saliendo de casa al parking, cargué bici y tomé rumbo a Arenys de Munt. Llegaba allí sobre las 6:50, era de los primeros y eso que la recogida de dorsal era de 6:00 a 7:30, yo lo recogí sin apenas cola, pero en unos minutos había bastante gente esperando para recoger el dorsal. Joel y Dani, con los que haría la ruta, llegaron algo más tarde y estaban esperando en la cola. Primero fui a vaciar mi vejiga, para la gripe te recomiendan beber mucho líquido, que luego ha de salir.
Saqué la bici, monté el dorsal, me calcé las zapatillas y sus patucos, guantes, braga de invierno al cuello, braga fina a la cabeza para el sudor y tapar las orejas, casco, gafas y listo.

Cuando llegaron Dani y Joel nos dirigimos a la salida, mientras esperábamos estuvimos comentando que la organización había decidido recortar el recorrido porque arriba de todo del puerto había nieve y la bajada era peligrosa.  A pesar de las dudas por las colas en la recogida de dorsales se salió a la hora prevista, nosotros tardamos unos cuantos minutos hasta que pudimos pasar por debajo del arco de salida.

Joel, Dani y el del la autofoto yo.

El recorrido empezaba en bajada, dirección Arenys de Mar, para luego coger carretera paralela a la costa antes de empezar a subir. A pesar que los primeros kilómetros que incluían cruzar por dentro de Arenys de Mar los tomamos con calma, llegamos al inicio del puerto en Sant Cebrià en un momento. Rodando en grupo hicimos 12km a 30-35km/h sin casi esfuerzo.
Nuestra intención era disfrutar la ruta sin agobios, sin objetivo de tiempo y los tres juntos. Suerte de eso, porque al inicio del puerto bajé de plato y se me salió la cadena. Primer gallifante para mi.
Se podría decir que de los tres el que más sube es Joel y el que menos Dani, así que el ritmo se ajustó para que Dani no petara. Yo mientras tuviera desarrollo para mantener la cadencia sobre 75 tenía buenas sensaciones. Nos poníamos a rueda de algún grupito, los acabamos adelantando, alguno nos recuperaba la posición y de vez en cuando pasaba uno con bici a motor. La verdad que subimos bastante bien y el primer puerto pasó volando.
En la bajada me gusta ponerme delante a tirar y marcar un poco el ritmo, para que no se me duerman. Joel se quejaba que no le dejábamos beber. Yo iba esperando, pero tensando la cuerda, los 10 kilómetros hasta el inicio del siguiente puerto los hicimos a una media de 37 km/h, nada que obligara a grandes apuros o esfuerzos.

Justo al inicio del segundo puerto venia la modificación del recorrido, el desvío que nos llevaba hasta el Coll de Santa Helena (1.230m), no lo cogimos para seguir dirección a Montseny. ¡Premio! Iba a hacer exactamente el recorrido de montaña de la Half. También nos ahorrábamos más de 600m de desnivel, que estando postgriposo, no venía mal. A pesar del recorte seguía siendo un puerto nada despreciable, 10km al 5% de desnivel medio. Lo empezamos como el otro, tranquilamente a un ritmo que pudiéramos ir todos y aprovechamos a comer un poco antes de que empezaran las rampas.
Conforme íbamos subiendo, me distanciaba un poco de Joel y Dani, no porque me sintiera  más fuerte, sino que iba más cómodo intentando no bajar de 70 mi cadencia. Así que cuando cogí un poco de distancia aproveché para hacer una paradita, por el tema de la gripe, beber mucho y sus consecuencias. Me adelantaron y los volví a pillar.
Al poco sucedió uno de esos momentos que hacen que no me guste salir a la carretera, la falta de respeto de los otros usuarios. La ruta era abierta al tráfico con controles en las principales intersecciones. La carretera era estrecha, sin carriles marcados y éramos muchos ciclistas. Habían ido pasando coches en las dos direcciones sin ningún problema, hasta que llegó un hombre que querría vivir en una isla desierta para que nadie le molestara, pitando y con maniobras un poco inconscientes, por suerte al poco quedó detrás de otro coche que si que nos respetó y no llegó la sangre al río.
Cuando ya estábamos apunto de coronar el puerto, llego el primer ataque de la jornada. Oculto tras la excusa de avisarme que Dani quería parar en el avituallamiento del final del puerto (él y todos los que estábamos subiendo), Joel saltó del lado de Dani para llegar a mi altura y decírmelo mientras me pasaba. Mi reacción fue gritarle “¡Qué, vas a por los puntos de la montaña!” mientras aceleraba el ritmo para no dejar que me pegara tal hachazo, creo que llegué a bajar dos piñones para ponerme a su altura. Una simple cuestión de orgullo, porque sabía que en subida iba a acabar por delante mio, y así fue.
Paramos en el avituallamiento, recargué agua y ¡tremendos buñuelos que había! Me comí como seis o siete y un par más que fueron a parar a la saca para luego.

De nuevo me puse delante en la bajada, el primer tramo teníamos que ir con mucho cuidado, porque seguíamos por la misma carretera estrecha abierta al tráfico y lo pasamos sin problemas. Estábamos a punto de entregar el segundo gallifante de la jornada. Cuando nos incorporamos a una carretera buena, dos carriles bien delimitados al trafico y con voluntarios señalizando la incorporación, en plena curva oigo detrás mio el sonido de rascar sobre asfalto y sabía que uno de los dos se había ido al suelo.
Fue Dani, entre maldiciones, logré entender “Estaba dando las gracias al voluntario y venia un coche, me metí muy al interior y me ido al suelo”. El problema es que a pesar de ser una carretera ancha, no tenía arcén, con lo que metió la rueda en la cuneta. Llantazo y  pinchazo incluido.

El voluntario que había en la curva era un hombre de unos 50 años, más bien grande y barbudo, de entrada no era un físico que llame mucho la atención, pero cada uno le despista lo que le despista.
Físicamente solo tenía una contusión en la cadera y en vista que no tenía limitación de movimiento, reparamos el pinchazo (lo hizo Joel solo) y continuamos para que no se enfriara Dani.
Le dejamos bajar delante para que se probara él y la bici sin presión de seguir a nadie. Joel y yo desde detrás mirábamos que la bici se viera rodar estable. Al rato me puse a su altura, le pregunté como estaba y me dijo que tirara que iba bien. Así que empecé a tirar, controlando que iba bien y que me seguían. Quería hacer todo el tramo tirando delante sin relevos, para que me sirviera de referencia para la Half. En cuanto Joel me dio un relevo supe que iban bien, entonces le pasé y apreté un poco más. El llano se me da mejor que la montaña y tirando me acabé quedando solo. En la travesía de un pueblo les esperé y sucedió otro de esos momentos de falta de respeto entre usuarios de la carretera.
Dos carriles, uno en cada sentido, cola de coches parados en nuestro carril porque el que esta primero quiere girar a la izquierda, nos metemos al arcén para pasar los coches por la derecha y llega un chico, no precisamente lento y pasa la fila de coches por la izquierda. ¿¡Esto es la jungla o qué!? Suerte que el coche no giró en ese momento, porque la bici no frena y no tenía escapatoria. Por suerte el chico iba con un par de veteranos que parecían ser familia y le hicieron ver la situación de lo que había hecho y lo que por suerte no pasó. Para pedir respeto hay que respetar.
Salimos del pueblo, volví a tirar y a quedarme solo otra vez, lo que me servía para entrenar el correr sin drafting. Los volví a esperar en otro punto y repetimos la operación hasta el inició del tercer puerto. Esta vez tardaron poco en cogerme ya que pudieron ponerse a rueda de un grupo que venia rápido detrás mio. Paramos en el avituallamiento que había antes de subir al puerto, había más buñuelos, gracias a ellos me ahorraron varios geles y drogas varias.

Último puerto, no se hacen prisioneros.
Como empezaba llaneando me puse delante para marcar un ritmo que Dani pudiera seguir, ya no solo porque suba algo menos, sino que el dolor también lo limitaba. Al poco me pasa Joel y me comenta:
+ Tiramos que Dani sube a su ritmo y lo esperamos arriba.
– ¿Seguro? ¿No le va a dar un pájara?
+ Tranquilo, él va a su ritmo y el puerto es corto.
Siendo sincero tendría que haber preguntado “¿Seguro? ¿No me va a dar una pájara intentando seguirte?” Tenía más preocupación por seguir su ritmo yo, que de que Dani no pudiera hacer 8 kilómetros tranquilamente a su ritmo.
Se puso delante y yo a su rueda sin la más mínima intención de dar ni un relevo. Eran 8km con 200m de desnivel, con lo que no era un puerto muy duro, todo depende de como se suba. Me llevaba a 25 km/h, pasábamos a más gente de la que nos pasaba a nosotros. Yo manteniendo la cadencia por encima de los 80, pasaba más sufrimiento psíquico que físico. ¿Si voy cómodo, es que le queda un punto de fuerza a él?¿Cuándo va a cambiar el ritmo? Eso iba pensando todo el rato y casi ni me di cuenta que llevaba a rueda a otro ciclista que en algún momento habíamos pasado.
Entonces nos pasó un grupo de unos ocho ciclistas a un ritmo un poco más alegre que el nuestro y veo que Joel se pone de pie sobre la bici. Yo ese ritmo no puedo seguirlo, pensé. Hice la intención 100m y sabía que no era mi ritmo, que como les siguiera me iba a visitar el Hombre del Mazo. El integrante desconocido de nuestro grupo sí que los siguió. Quedaban 2,5 kilómetros con rampas medias del 5%, entonces yo no sabía cuánto quedaba. Me tomé un gel, más por efecto placebo que real, y me marqué mi ritmo. No tardé en volver a pasar al integrante desconocido, al que le había visitado el Hombre del Mazo, curvado sobre la bici como una abuela, ya no podía pedalear ni de riñones y la cara era un Dalí. Ese podía ser yo si me hubiera cebado intentando seguir un ritmo que no era el mio y en cambio llegué bien arriba, donde me estaba esperando Joel  y esperamos a Dani.

Ya solo nos quedaba bajar hasta Arenys de Munt y recobrar fuerzas con el avituallamiento de final de ruta. Finalmente la ruta, con el recorte por la nieve, se quedó en 82km y 1300m de desnivel, que hicimos en menos de 4h y descontando avituallamientos y pinchazo, menos de 3h30′ en movimiento.
Ruta Ports del Mareseme 2013 en Garmin Connect.

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