Reflexión previa a la Half Challenge Barcelona

El año pasado corrí mi primera media maratón. Llegué con sobrecarga muscular, sufrí para acabarla y me costó bastante recuperar. No llegué a tener una lesión grave, pero la recuperación fue larga.
Este año he vuelto a correr la misma media maratón. Aunque tuve un poco de sobrecarga muy localizada durante la preparación, la pude disputar bien y terminé muy satisfecho con el resultado. La recuperación posterior no fue todo lo rápida que esperaba y condicionó los entrenos posteriores.

Un mes después de la media maratón de este año corrí mi primera maratón. Antes de disputarla era consciente que no la había preparado bien y que me costaría acabarla. No esperaba tener que caminar más de 10 kilómetros con dolor en la rodilla por sobrecarga en la fascia lata. Esta vez sí que sufrí de verdad, es lo que tiene ser tan cabezón, si empiezo una prueba es difícil que me retire. La recuperación aun la estoy sufriendo en mi tobillo derecho.
Lejos de darme por vencido con la distancia, ya estoy buscando maratones que por fechas, pueda cuadrar el entrenamiento.

A poco más de una semana para mi primera distancia Half Ironman, no puedo correr 10 km sin dolor en el tobillo. Soy consciente que volveré a estrenarme en una distancia nueva sufriendo para acabar (debo tener alma de mártir o algo parecido).
Es como si quisiera añadir un ingrediente extra para hacer más difícil el reto.

Parece que forma parte de mi adaptación o mi forma de entrenar, sufro la primera y la segunda la corro mejor.
Tal vez una planificación más estricta me permitiera llegar en mejores condiciones a la prueba objetivo. No sé si disfrutaría igual en el momento en que el entreno fuera una obligación.
Tengo la sensación que la musculatura de mis piernas no puede seguir el ritmo de mi corazón. Ya son varios indicios y tengo preparado un plan para corregirlo.

En cualquier caso llego a mi primer Half Ironman con la tranquilidad de haber entrenado bien, con la seguridad de poder acabarlo y con la espina de llegar muscularmente tocado. Para la natación y la bici no me va a repercutir la sobrecarga de mi tobillo, pero en la carrera a pie se que las voy a pasar canutas. La cuestión es a partir de qué kilómetro la molestia será dolor.
Mi mayor duda es a qué ritmo correr. Si voy a un ritmo más lento tengo la sensación que mi pie recibe más impacto y también estaré más rato corriendo. Corriendo con una cadencia alta creo que la transición de la pisada es más rápida y con menos impacto, añadido a que será menos tiempo corriendo. La cuestión es que cuando empieza a doler, el cuerpo me pide parar y solo me queda dosificar el ritmo para contener que no vaya a más.
No tomaré ninguna decisión de cómo correr. He valorado las posibilidades y las consecuencias. La decisión la tomará mi cuerpo cuando deje la bici y salga de la T2, haré lo que me pida el cuerpo y apretaré los dientes cuando empiece a doler.

Hacer este ejercicio de reflexión por escrito, me ha ayudado a calmar un poco los nervios, ahuyentar fantasmas y visualizar un escenario de carrera realista.
Los nervios volverán en siete días, con la recogida de dorsales, información varia, briefing y preparativos previos.

Share

Deja un comentario